VOCES DEL SILENCIO

Ya es tierno hablar sobre cómo los medios de comunicación electrónicos han desatado la proliferación de información. La censura, otrora temible enemigo del creador, ahora fomenta la aparición de “celebridades” a partir de aquello que trata de ocultar, e Internet se ha convertido en la gran aliada para que pueda ser visto aquello que se intentó desaparecer. Lo mejor para la difusión –y la fama– es la censura.

Al cerrar una página web se crean diez más y mejores. Así ha sucedido no sólo desde que existe Internet, sino desde que existe información: quién la deseé encontrará la forma de obtenerla. La información es poder. A mayor democaratización de la información, el poder recae en mayor número de personas.

En el ensayo Copia este libro, que David Bravo Bueno subió a Internet para su libre descarga en 2005, se evidencia lo inútiles que pueden ser las leyes de derecho de autor gubernamentales, al menos en España, y lo poco efectiva que es la censura o la criminalización de la proliferación de información. Prueba: cada vez que vemos una película en línea o descargamos una canción, copiando imágenes y textos, editándolos y apropiándonoslos a la vieja usanza duchampiana. Los argumentos con los cuales se presumía que esto era un acto ilícito que podría llevar a la cárcel han sido archirrevisados y desmitificados, y por más que se insista en que la piratería es ilegal, en cada esquina de nuestras ciudades podemos ver a un hombre de pie, a la luz del día, al lado de sus copias “ilegales” de DVDs, listos para ser comercializados, uno a tres Euros y dos a cinco. Y en nada se parece esta escena a la de la compra de droga con llamadas en clave al dealer o en un callejón oscuro, inspeccionando un compartimento trasero de un coche para adquirir un arma sin permiso: no, nadie tiene que esconderse para “copiar”. Se dice una cosa, pero sabemos que actuamos de otra. La promiscuidad en este terreno no es novedad.

Considerando entonces, que para subvertir este intento de control de información, se ha planteado el término promiscuidad como algo positivo, digno de ser utilizado, explotado y desarrollado, veo pertinente atender casos de quienes utilizan los medios y a la tecnología para su provecho, pero que han resuelto mantenerse, hasta donde les es posible, al margen de la promiscuidad. Numerosos creadores contemporáneos permanecen semi-escondidos por voluntad propia, al extremo de cometer el “pecado” de no tener página web, aunque prácticamente cualquiera podría armarla por un precio razonable. Estos artistas hacen videos que no suben a Youtube, permiten que sus galerías muestren imágenes de su trabajo pero en muy baja calidad y cantidad, de manera que no sean representativas de toda su obra, o en otros casos, bloqueadas para que no puedan ser descargadas (aunque es de sobra conocido que una fotografía de la pantalla soluciona el problema). Son creadores perfectamente conscientes de las herramientas que tienen a la mano y saben utilizarlas, y están al tanto de los debates sobre la propiedad privada que existe. Sin embargo, no participan del frenesí.

¿Porqué hay quiénes que aun se mantienen un tanto ocultos, resistiéndose a la proliferación de información, de su información? Esta preocupación no se refiere únicamente a una reserva respecto de los derechos de autor, sino acerca de experimentar un contacto “real” con la obra. No la necesitan, más bien les estorbaría.

NO LO NECESITAN

Una escena presentada por Slavoj Žižek en su libro El acoso de las fantasías sirve para ejemplificar que el poder real se encuentra precisamente en el antagonismo de la ideología: a la salida de una reunión social, la mujer de un matrimonio sostiene el abrigo del marido pacientemente mientras él se despide y hace chistes demostrando que es él, como hombre, el portador del poder no sólo en su pareja, sino socialmente; pero durante esta “gracia” del marido, ella intercambia miradas cómplices con los demás que afirman: “Pobre debilucho, ¡déjenlo, que es el amo!". Así, la oposición del poder masculino y femenino es percibida como el opuesto de la apariencia y del poder real. Pero este espectro del poder femenino depende estructuralmente de la dominación masculina: permanece como su doble sombrío, su efecto retroactivo y, como tal, como su momento inherente. Por este motivo la idea de sacar el sombrío poder femenino a la luz y reconocer públicamente su papel central es la forma más refinada de sucumbir a la trampa patriarcal”. Demostrar los pactos silenciados en el poder, destruye la fantasía inerte, convirtiéndola en algo real, desmitificándola y, por lo tanto, anulándole su poder.

Lo innombrable, lo invisible, digamos que es “lo sexi”. Es aquello que mantiene la tensión, es el primer concepto de la Gestalt: la fuerza se encuentra en lo no revelado, el campo vacío entre una manifestación y otra. En el mundo de la creación visual es una de las primeras lecciones de composición. Por otro lado, el físico cuántico Paul Dirac llegó en 1928 a la ecuación que demostró que para todo electrón con carga negativa, existe otro positivo no manifestado materialmente sino en calidad fantasmal, la “antipartícula correspondiente”. Algunos físicos objetaron que aquello era metafísica, pero en 1933, mediante la cloud chamber, fue posible ver las sombras de parejas de electrones/antielectrones creadas bajo el impacto de rayos cósmicos, y Carl Anderson llamó “positrones” a aquellas entidades fantasmales, al gemelo oscuro. Los últimos desarrollos en la tecnología científica, como la tomografía por emisión de positrones, han conseguido contener a dichos fantasmas y utilizarlos para la destrucción de células cancerígenas. La energía que los positrones desprende es diez mil veces mayor que la energía nuclear (y a su vez tanto más cara) y se dirige exactamente a su correspondiente, a su gemelo materializado, sin un grado de error.

Como en cualquier caso de censura (en el principio de lo erótico), lo inaccesible, lo innombrable, lo traumático, no sólo es el punto de mayor interés, sino aquello que es el centro de fuerza y el único capaz de subvertir al poder, precisamente en su “no-manifestación” material. La verdadera resistencia ante las opresiones de la “fiebre archivística” tan en boga actualmente, no consiste en crear más contenido (que se ve disuelto en el mar infinito de la red y que sólo consigue diluirse entre millones), sino en mantenerse inaccesible en el mar. La subversión liberal al poder es situarse en el el centro del poder, en su contenido oculto.

EL FUTURO –QUE ES PASAD0–

El hecho de que la piratería sea tan condenada por las leyes la hace también parte de ellas. Los esfuerzos por destruirla no parecen avanzar. Inspirados por la filosofía de El código y otras leyes del ciberespacio, James Boyle, Michael Carroll y Lawrence Lessig, el profesor de informática del MIT Hal Abelson, el abogado convertido en productor de películas documentales y a su vez convertido en experto en “ciberleyes” Eric Saltzman, y el editor de páginas web de dominio público Eric Eldred fundaron en el 2001 la serie de licencias Creative Commons basadas en la idea de que algunas personas pueden no querer ejercer todos los derechos de propiedad intelectual que les permite la ley, sustituyendo la leyenda Todos los derechos reservados por Algunos derechos reservados. De esta manera, los kamikazes que abogan por la democratización de la información pueden incluir las licencias en su trabajo y estar protegidos de que sus obras no serán plagiadas, pero sí compartidas indiscriminadamente, sin perder el derecho a cobrar por ellas. La cantidad de gente que se ha unido a esta iniciativa es mayor que la que intenta impedirla. Desde que el copy-paste existe no hay vuelta atrás.

Las fantasías se están cumpliendo: el punto desde el que se ven todos los puntos, El Aleph de Borges y El museo imaginario –que contiene todos los museos– de André Malraux se materializan. El museo imaginario está contenido en Las voces del silencio, donde Malraux defendió la libertad del artista contra los determinismos sociales, donde “la fuerza suprema del arte está en llevarnos a manifestar lo inexpresable”. La verdadera obra de arte está obligada a mantener una parte enigmática. Malraux no estaba presente en la noción moderna que lo rodeaba de que en el arte hay progreso; tenía la creencia de que los mundos desconocidos sostienen la tensión que avalan a los conocidos. Estaba en contra del pensamiento políticamente correcto, era un autor contradictorio. Por un lado abogaba por la contención total de la información del arte, pero sólo para que esa totalidad desapareciera al ser abrumadora, y entonces, aquellos que no habían entrado en la totalidad, los positrones, los mundos desconocidos, fueran entonces la verdadera energía por encontrar. “Fracasar a conciencia” –los de Malraux siempre son derrotados– es el precio que paga para que, más tarde, la causa triunfe. La vida no está conformada sólo de razón y valores colectivos; también de sinrazón, instinto y pasiones individuales que contradicen a aquéllos y pueden destruirlos.

Así, Borges habla de Funes el memorioso, aquel incapaz de olvidar algo, el que contenía toda la información: “Sospecho, sin embargo, que no era muy capaz de pensar. Pensar es olvidar diferencias, es generalizar, abstraer. En el abarrotado mundo de Funes no había sino detalles, casi inmediatos”. Lo veía, lo sabía todo, no pensaba.

ÁGALMA

Un maestro de espiritualidad que impartió su enseñanza de yoga a Gandhi, se trasladó de la India a Estados Unidos a enseñar su técnicas de meditación para la trascendencia espiritual, al centro del capitalismo. Pero sus lecciones se mantienen reservadas para aquellos que pasen la prueba de comprender verdaderamente en lo que desean involucrarse. La afiliación es gratis, su asociación está en la web, pero las técnicas no. No es tacañería, es simplemente no desvanecer aquello que era lo más importante para él: su filosofía. Cuando un artista no sube su obra a la red por cuenta propia, suele ser tachado de maniático, retrógrado, tacaño; que teme ser copiado. Tonto, que no se da cuenta que se está perdiendo la oportunidad de que su trabajo pueda ser visto por millones de personas. Pero es que, más allá del temor a perder dinero, identidad, autoría o exclusividad, prefieren retardar al máximo una eventual fama; son corredores de fondo, no de velocidad. Les interesa que su trabajo sea pensado por aquellos que lo buscan, que lo necesitan, los que han llegado ahí. Ser los engranes, o los bytes que hacen funcionar a la máquina, no la pantalla: “Los bytes, o mejor dicho, la serie digital es lo Real de la pantalla; es decir, no estamos nunca inmersos en el juego de las apariencias sin un sobrante invisible”. Es un intento por permanecer reales. Es el contenido invisible del Bruit Secret lo que lo hace existir.

Cuando vivimos en tiempos en que el fuego parece estar desapareciendo físicamente de nuestras vidas, se confirma cada vez más que su valor no es material, sino simbólico. La relación con lo fantasmático, las fantasías, es traumática en su realización, la pensamos como imposible y es lo Real. Es el ágalma, el tesoro simbólico que puede quemarnos, destruirnos o enriquecernos. Un susurro erótico.

AMANDA GARCÍA
MADRID, 2010